El clima fresco y los cielos grisáceos suelen darnos una falsa sensación de seguridad, pero las nubes no son un escudo contra la radiación ultravioleta. Aunque los rayos UVB (responsables de las quemaduras visibles) disminuyen su intensidad en épocas frías, los rayos UVA permanecen constantes durante todo el año.
Los rayos UVA tienen una longitud de onda más larga: atraviesan nubes, cristales de ventanas y penetran hasta las capas más profundas de la dermis. Son los principales responsables del fotoenvejecimiento prematuro, la degradación del colágeno, la aparición de manchas y el daño celular silencioso. Aplicar protección solar de amplio espectro debe ser un paso no negociable los 365 días del año, sin importar el clima exterior.